La UE certifica la bombilla española Actúa Vida como la primera del mundo reparable y sin obsolescencia programada

  • Cada año se compran y desechan en el mundo 7.000 millones de bombillas, el equivalente a mil campos de fútbol repletos de bombillas
  • La bombilla Actúa Vida está diseñada para durar 100.000 horas, es decir, entre 80 y 100 años sin fundirse, y después se puede reparar y actualizar tantas veces como se desee

 

La bombilla Actúa Vida, de origen español, es la primera bombilla del mundo reparable y fabricada sin obsolescencia programada. Así lo ha acreditado la entidad certificadora más importante del mundo, Tuv Rheinland, acreditada por la Unión Europea, y el Ministerio de Industria del gobierno español, a través de la Entidad Nacional de Acreditación (ENAC).

La bombilla es obra de la empresa Light & Life Technology, con sede en Barcelona, dedicada durante los últimos diez años a perfeccionar una línea de iluminación diseñada para funcionar durante décadas sin fundirse. La UE, a través de los organismos certificadores, acredita que la compañía, con la ISSO 9001 y 14001, “fabrica tecnología Led sin obsolescencia programada”, siendo la única y la primera del mundo en haber creado una bombilla cuya vida útil puede alcanzar 100 años.

El artífice del invento es Benito Muros, activista medioambiental y firme detractor de la obsolescencia programada: el fin planificado de la vida útil de los productos cuya función es estimular el consumo y engrasar el círculo comprar-tirar-comprar.

La primera bombilla del mundo sin obsolescencia programada (OP) está fabricada con materiales cuya composición permite una durabilidad muy superior a la de una bombilla ordinaria. Base, cúpula y componentes electrónicos están diseñados para alargar la vida útil del producto durante décadas.

A continuación, analizamos su composición:

Base: Elaborada con aluminio de pureza máxima. Las bombillas ordinarias utilizan componentes de plásticos térmicos que disipan el calor de forma muy inferior al aluminio puro, provocando un descenso de la durabilidad del producto porque el calor permanece dentro y daña los componentes electrónicos. El aluminio puro de la bombilla sin OP tiene una capacidad de disipación 3, es decir, el calor que generan los componentes electrónicos y los diodos led están preparados para expulsar el calor al exterior.

Cúpula: Cuenta con dos cúpulas sobrepuestas, una de cristal y otra de silicona con un punto de fusión muy alto (más de 200 grados). La bombilla Actúa Vida no emite radiación de luz azul (led violeta), por lo que no perjudica la salud. La cúpula de cristal de la bombilla Actúa Vida (AV) difumina la luz a 360 grados, siendo la única bombilla led del mercado con esta propiedad.

Componentes electrónicos: La bombilla AV cuenta con más de 100.000 horas de vida útil, muy por encima de la vida media de los componentes de las bombillas normales: 1.000-3.000 horas.

La bombilla AV está fabricada para durar entre 12 y 14 años si permanece encendida 24 horas. Si se enciende entre 4 y 5 horas al día, el consumo más habitual en los hogares, su vida útil puede llegar a los 100 años, y después se puede reparar sin necesidad de comprar otra.

Y si dentro de 80 o 100 años, cuando la bombilla deje de funcionar, si existe un componente más eficiente, que consume menos, su configuración, están abiertos, para incorporar la nueva tecnología. Por tanto, es la primera bombilla reparable del mundo. Solo habrá que cambiarle la parte lumínica o electrónica (coste del recambio entre 1,5€ y 3€) y no generará ningún tipo de residuo.

 

BOMBILLA CERTIFICADA POR LA UE

La bombilla Actúa Vida está certificada como la primera bombilla del mundo sin obsolescencia programada por la Unión Europea, a través de los organismos certificadores ENAC, la Entidad Nacional de Certificación dependiente del Ministerio de Industria de España, y Tuv Rheinland, proveedor mundial de certificaciones (adjuntamos certificado).

Este certificado ISO 9001 y 14001: 2015 confirma que la bombilla creada por Benito Muros es real y no un engaño como algunos han querido hacer ver con manifestaciones falsas en el pasado, en un intento de difamar su persona con el fin de obstaculizar la comercialización de un producto duradero que pone en evidencia el final intencionado de la vida útil de las bombillas, obligando al consumidor a comprar de forma sistemática nuevas unidades.

 

BENITO MUROS, 20 AÑOS DE LUCHA CONTRA LA OBSOLESCENCIA PROGRAMADA

La batalla contra la obsolescencia programada de Benito Muros arranca en 1999, durante un viaje a California (EE.UU.), cuando visitó el parque de bomberos de la ciudad de Livermore, donde se encuentra ubicada una bombilla incandescente que lleva 119 años encendida casi sin interrupciones.

La bombilla centenaria funciona con apenas 4 W de potencia y se calcula que lleva más de 1 millón de horas dando luz (una bombilla ordinaria ilumina durante unas 1.000 o 3.000 horas). La bombilla de Livermore está declarada como la bombilla encendida más antigua por el Libro Guiness de los Récords.

“Allí mismo, frente a la bombilla, me pregunté cómo es posible que exista una bombilla que lleva un siglo encendida, mientras que todas las bombillas que consumimos duran tan poco. Empecé a investigar su composición, y sin ser ningún secreto, descubrí que Adolphe A. Chaillet, su autor, había utilizado filamento de tungsteno de una gran pureza, lo que ha permitido alargar la vida de esta bombilla hasta hoy”, explica Benito Muros.

Pudiéndose haber fabricado bombillas que duren durante años, como la de Chaillet, ¿por qué a lo largo del siglo XX se ha utilizado la ingeniería contraria para que las bombillas duren tan poco tiempo? La explicación se encuentra en la obsolescencia programada, un concepto que se introduce en la cadena de producción en los años 30, después del Crack del 29 en los EE.UU., y con el que el gobierno americano pretendía estimular la economía a través del consumo. Es también la base del capitalismo y de la sociedad de consumo actual.

Esta política se extendió a todos los sectores de la industria, reduciendo cada vez más la vida útil de los productos. Un consumidor medio en Occidente se gasta a lo largo de su vida entre 50.000 y 60.000 € en la compra de electrodomésticos, una cifra que se ahorraría si la industria mundial fabricara productos sin obsolescencia programada.

Pero la OP no solo tiene efectos negativos para el bolsillo del consumidor. En el momento actual en el que nadie pone en duda la emergencia climática y la necesidad de frenar el consumo desbocado, las consecuencias de la obsolescencia programada para el medio ambiente son catastróficas.

 

DESECHAMOS 7.000 MILLONES DE BOMBILLAS AL AÑO

La OP genera la destrucción del planeta porque se están agotando las materias primas para la fabricación de productos de consumo. Cada año se compran y desechan en el mundo 7.000 millones de bombillas, el equivalente a mil campos de fútbol repletos de bombillas.

El uso de la bombilla Actúa Vida frenaría este consumo ilógico y tremendamente dañino para el medio ambiente, puesto que cada pieza se desmonta y es reemplazable.

Sin embargo, su venta no está siendo sencilla. Aunque la bombilla cuenta con todos los certificados necesarios (Ministerio de Industria, y por extensión la UE) y se ha demostrado el ahorro que supondría para el pequeño consumidor y para el contribuyente, las grandes multinacionales de iluminación presionan a las administraciones públicas españolas para frenar su comercialización.

El objetivo detrás del proyecto de creación de la primera bombilla sin OP del mundo no es vender bombillas, sino promover un cambio de modelo en la industria.

La certificación de UE de la primera bombilla sin OP del mundo se produce cuando está a punto de entrar en vigor (2020) la directiva de la UN ‘Por un consumo más sostenible. La duración de la vida de los productos industriales y la información al consumidor para recuperar la confianza‘, que emplaza a los estados miembros a legislar para atajar la OP.

 

Benito Muros es el presidente de la Fundación FENISS dedicada a la concienciación sobre la obsolescencia programada. La Fundación emite el sello ISSOP (Innovación Sostenible Sin Obsolescencia Programada) que solo otorga a las empresas que cumplen de forma estricta un decálogo de requerimientos para acreditar que fabrican sus productos sin obsolescencia programada.